Parece la condena de un reo, muchos de nosotros así nos sentimos.
La jubilación que no sabremos cuándo nos llegará, nos obliga a flexibilizarnos hasta límites insospechados, olvidando lo que somos:
- PERSONAS con familias, amigos, vida social, algo que el capital no llega a entender ya que sólo entiende de máximo rendimiento.
- PERSONAS que necesitando un permiso se le intentan chulear, alegando la no correspondencia que por ley nos compete. Jornadas y turnos insufribles y ahora la mayor flexibilidad posible, nunca antes imaginada por esta “nuestra empresa”.
A los que se les llena la boca con la ley de conciliación de la vida familiar y laboral de las personas trabajadoras, comentar que el convenio general de la industria química contiene licencias remuneradas (Art. 48) que ya quisiéramos en nuestro convenio colectivo.






